martes, 15 de junio de 2010

Anoche (narración)

Era el último cigarrillo de la noche. Lo había jurado. No había porqué seguir suicidándome más. Cerré el libro de Hesse que releía por enésima vez en mi vida y no me ayudaba identificarme con el nuevamente.

Bebí lo que quedaba de ginebra en mi vaso, mientras terminaba de escuchar el tango Soledad por quinta vez, y me dispuse a ir a dormir. La noche se cortaba por su espesura. No era una noche más, tenía sabor a última. Mientras mi reloj marcaba las 1,05am, no se porque encendí el televisor de mi habitación. Lo encendí al azar e imprevistamente –no había escuchado publicidad alguna en esos días- estaban proyectando la Hora del Lobo. Esa película de Bergman donde los dibujos escalofriantes del personaje tomaron vida y lo asesinaron. Solo su mujer, que lo amaba profundamente, pudo verlos y trataba de explicarle al inspector de policía que esos dibujos eran reales para ella porque lo amaba a él.

Y me colgué pensando en la profundidad de algunos amores enfermos. Me descubrí descubriendo los míos. No soy dibujante, pero muchas cosas inexistentes me acorralaban anoche y recordaba lo último que había leído del Lobo Estepario. El diálogo que mantuviera con la camarera del salón bailable:

-¿Me permite? pregunté y me senté junto a ella.

-Naturalmente que te permito- dijo- ¿Quién eres tu que no te conozco?-

-Gracias- dije – me es imposible ir a casa, no puedo, no puedo, quiero quedarme aquí, si usted es tan amable. No, no puedo volver a casa-

-Quédate aquí- me dijo con una voz que me hizo bien- ¿Por qué es por lo que no puedes volver a tu casa?-

-No puedo. En casa me espera algo… no puedo, no puedo; es demasiado terrible- dije

-Entonces déjalo estar y quédate aquí…….- dijo ella (decía el diálogo algo más que no recuerdo…)

-Quizá, amigo, pudiera decirte yo lo que en tu casa te espera y de lo cual tienes tanto miedo. Pero tu lo sabes también, no tenemos necesidad de hablar de ello ¿no es eso? ¡Pamplinas! O uno se ahorca, bueno, entonces se ahorca uno desde luego, será porque tenga un motivo. O vive uno, y entonces no tiene más que ocuparse que de la vida. No hay nada más sencillo- dijo ella.

-¡Oh!- exclamé – Si eso fuera tan sencillo… Yo me he ocupado bastante de mi vida y no ha servido de nada. Ahorcarse es tal vez difícil, no lo sé. Pero vivir es mucho, muchísimo más difícil-

El Lobo Estepario, desde su dolor hablaba con razón y yo dormí igual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario