Deambulando sin ningún sentido de la orientación, pasaba los días Arquímedes Ferrero. Otrora una persona encumbrada, que supo ganarse el encomiable apodo de “El Ventor”. En cualquier pequeño pueblo, un hombre con sus características era imposible de pasar desapercibido, ni cuando era quien solía ser, ni ahora que deambula perdido por sus callecitas de ripio. Quien ahora vivía de la caridad de la gente, supo ser alguien a quienes recurrían los habitantes del pueblo, para pedir orientación ante las decisiones difíciles que todos enfrentamos, pues El Ventor podía preveer aquellos eventos que afectarían la vida de quienes lo consultaban. No era un adivino ni un iluminado, solo poseía el don de traerles paz cuando el caminito era oscuro. Nada más ni nada menos.
Un libro había escrito sobre el valor intrínseco del ser humano. Pero no por negocio editorial, sino con el fin de regalarlo a cuanta persona se lo requería. La primera edición la realizó con fondos propios. La segunda fue una tirada producida por la Municipalidad del pueblo, y la tercera edición por el gobierno provincial. Fue emocionante cuando, de ese libro, presentaron una obra de teatro prosiguiendo el mismo sendero: primero presentada en el pueblo, luego recorriendo toda su provincia. Incluso le habían cedido un espacio en la única radio del pueblo para que él, por una hora diaria, pudiera hablarle a la gente. Como dije al principio, toda una persona encumbrada en el arraigue popular de aquél pueblo pequeño.
La provincia sí hizo una diferencia económica con la edición de su libro y, ante un pedido de Arquímedes, abrieron la única biblioteca del pueblo, de la cual Elías Fajardo fue su primer director, pues era el hombre más culto del pueblito. Había trabajado en el correo desde su juventud hasta su jubilación. Su devoción por los libros, sobre todo la literatura europea del siglo XVIII, lo había llevado a un reconocimiento académico en la primera universidad provincial, a pesar de que él carecía de estudios universitarios. Fue Elías quien le obsequió a Arquímedes el libro “Los Anillos del Centauro” de Alberto Molina Bry. Este había sido escrito en España en el año de 1789, cuando Molina Bry asumía como principal curador en la Biblioteca Real que acababa de inaugurar el rey Carlos IV de Borbón, en épocas que la revolución francesa ponía en dudas los regímenes monárquicos de toda Europa. Tiempos difíciles si los hubo para el arte tal como se comprendía en aquél siglo. Tiempos difíciles para el rey de España Carlos IV y, aún más difíciles, en lo sucesivo para Molina Bry. Muchos sostienen que “Los Anillos del Centauro” fue, más que un libro, una predicción de los acontecimientos que se sucederían en aquella antigua Europa.
“Los Anillos del Centauro” podía parecer un libro algo superficial con una historia de ficción epopéyica y mitológica, si su lectura era superficial. Con una lectura más profunda podía darse a diferentes interpretaciones. Con una lectura académica se encontraban en sus páginas toda una metáfora de François-Marie Arouet quien había muerto en 1722. Pero el problema era si uno personalizaba la lectura post-eventum e intentaba, desde allí, universalizar o personalizar su significado. Solo un año después de ser publicado y, como consecuencia de una lectura desde esta última perspectiva que hicieron el rey y la reina, costó esta la cabeza de Alberto Molina Bry.
Estás cuatro formas de leer “Los Anillos del Centauro” podemos explicarlas hoy con mayor facilidad que antaño. Tanto la Semiótica como la Hermenéutica nos han provisto de herramientas indispensables para no cometer los errores de aquellos siglos. Por eso en una lectura superficial, solo se podía entender aquello como una historia de ficción epopéyica o mitológica, ya que las reiteradas menciones a personajes de leyendas como el Centauro, el Minotauro, las Sirenas o los monstruos marinos que emergían en sus páginas, hacían de continente a la imaginación desde esa característica superficial. Aún así era una bella novela que un niño podía disfrutar. En cambio, con una lectura más profunda, la imaginación podía darle diferentes interpretaciones al texto. En aquella época, donde el estilo alegórico aun se enfrentaba con la Ilustración, los lectores sacaban todo tipo de conjeturas imaginarias que Molina Bry jamás tuvo en mente al escribirlo. Tampoco sabemos hoy que tuvo en mente, ya que el rey Carlos IV quien era conocido por su débil personalidad, y su esposa María Luisa de Parma, quien por su fuerte carácter manejaba el poder detrás de su marido, mandaron decapitar a Molina Bry sin posibilidades de defensa alguna. Más allá de mi identificación con la Ilustración y todos sus avances, leer el texto alegóricamente despierta un encanto hacia el mismo realmente impactante. Creer que el Minotauro era una referencia al rey Carlos IV, y que las sirenas que encantaban a los débiles marinos era una alusión a la reina María Luisa de Parma es, cuando menos, un ejercicio para la imaginación. De hecho el judaísmo y el cristianismo llevaban siglos haciendo esas lecturas alegóricas de sus textos sagrados. En cambio los lectores académicos encontraban fácilmente referencias a François-Marie Arouet, otrora conocido como Voltaire. Era muy sutil, pero también evidente, que en “Los Anillos del Centauro” era enmarcada la historia de este filósofo que acababa de morir. Que cada Anillo representaba sus escritos y posturas y que, como el Centauro, mitad hombre mitad animal, había sido expulsado del Arca de Noe por ser diferente. Si el escrito no hubiera sido prohibido inmediatamente con la ejecución de Molina Bry, hubiera llegado a ser fundamental para el estudio de la obra de Voltaire. Pero no fue así. Solo se salvaron un par copias que ya estaban en Francia. El libro fue redescubierto en 1942 durante la invasión nazi a Francia, y vuelto a editar cinco años después, concluida la Segunda Guerra Mundial, en una edición de la cual hoy no se encuentran ejemplares.
La cuarta forma de leer este texto, por ende infinitos textos, es haciendo una lectura personalizada post eventum. Si bien este tipo de lectura es tan aplicable a las antiguas profecías, el hecho de hacerlo con un texto contemporáneo sumándole, además, una personalización inexistente en la cabeza de quien lo escribió, siempre resulta catastrófico. Cuando la susceptibilidad enmarca las lecturas, transforman a los textos en sagrados o en blasfemos, según la idea que aborde la mente del lector-intérprete. Eso ha sucedido siempre y seguirá sucediendo. Lo terrible fue que la débil mente de Carlos IV guiado por la fuerte personalidad de la reina María Luisa de Parma y la lectura post eventum y personalizada que ella hizo del texto, significo el juicio y el veredicto inapelable para Alberto Molina Bry.
“Los Anillos del Centauro” narraba la historia sin fin, de un personaje mitológico que habitó la Tierra antes del Diluvio. No era solo su historia, sino la de otros personajes con similares características, de los cuales da cuenta la mitología universal. Según el relato de Molina Bry, estos seres realmente existieron, pero al quedar excluidos del Arca, solo la mitología nos habló de su existencia. Rex Ambar, tal era el nombre de este Centauro, pertenecía al pueblo de Orión -Ὠρίων- en la región de Tesalia, quienes profesaban su espiritualidad en sangrientos combates, seguidos de banquetes donde la sabiduría desbordaba como virtud de los dioses. Parece una incongruencia, pero cuando hablamos de mitologías ¿Qué no lo es para nuestras mentes Ilustradas? Si bien los Centauros habitaban la región de Tesalia y los Minotauros vivían en el laberinto de Creta, solía haber tal disputa entre estos que sus combates causaban conmoción en los cielos. De allí que los antiguos pusieran sus nombres a las primeras constelaciones estelares discernidas en los cielos del firmamento. La victoria siempre pertenecía a los Centauros, pues a su bravía indómita y fuerza del caballo, la mitad hombre que incluía la cabeza le daba superioridad en su ferocidad y maldad para vencer a los Minotauros. El único rival real de éstos eran los Unicornios, ya que su ferocidad y bravura no tenía igual, aunque también a ellos los Centauros los vencían con facilidad. De hecho fue Rex Ambar quien descubrió la estrategia para vencerlos. La técnica de captura fue colocar una virgen inmaculada frente al Unicornio, de manera tal que ésta lo amamante para luego conducirlo a la tierra de los Centauros. Ni los Minotauros ni los Unicornios lograron vencer jamás a los Centauros. Pero no todos los Centauros fueron sanguinarios guerreros, algunos de ellos como Folo y Quirón, escaparon a esta fama de salvajismo. Folo hospedó a Hércules y a sus amigos, y Quirón aprendió las artes de la medicina y era, además, sabio, justo y tutor de personajes notables como Asclepio, dios griego de la medicina.
Pero nos importa Rex Ambar en la historia de Arquímedes Ferrero y de Elías Fajardo. El resto es accesorio, nada importante. Lo que hablamos de la historia, de la mitología y de la interpretación de textos, solo son comentarios sin importancia, que no nos ayudan para entender con mayor claridad estos días de Arquímedes Ferrero, deambulando sin ningún sentido de orientación por las calles de ripio de su pequeño pueblo. Lo importante para nosotros es que fue el 23 de Abril de 1989 cuando se inauguró la biblioteca del pueblo, que había construido la provincia con los fondos recaudados del libro que Arquímedes escribió. Fue un sábado radiante, de esos que suele regalarnos Abril, cuando al finalizar la inauguración seguida del infaltable asado pueblero y el discurso del Intendente, un momento antes de retirarse todos Elías Fajardo le entregó en mano a Arquímedes Ferrero el libro de Alberto Molina Bry “Los Anillos del Centauro”. Fue una sorpresa para Arquímedes recibir un viejo libro. Viejo de tapas, viejo de páginas amarillas y viejo porque olía a viejo, pero más lo sorprendió las breves palabras que Elías Fajardo le susurró casi secretamente en la entrega: -“El libro no es muy importante, pero lea la historia de Rex Ambar. Descubrirá que usted es el Centauro”-. Arquímedes temió que su recientemente inaugurada biblioteca había quedado en manos de un loco de atar, pero un momento después temió aun más, pues cayó en cuenta de que ese acontecimiento no había podido presumirlo él antes del suceso. Era la primera vez que fallaba en su oficio de Ventor.
Lo que sigue no tiene mayor sustento histórico, pues nadie sabe que pasó durante los tres días sucesivos con Arquímedes Ferrero. Solo tenemos sospechas y algunas cuasi leyendas que flotan en la atmósfera del pueblo. Además nadie tuvo acceso al libro, y Elías Ferrero falleció dos días después de la inauguración de la biblioteca. Lo que contaremos es lo que llegamos a interpretar de algunos balbuceos de Arquímedes cuando se sienta en uno de los bancos de la plaza, siempre en el mismo banco. Esto es lo que llegamos a entender de entre su voz distorsionada, gutural, ronca:
-“Yo el Centauro… (no se entiende lo que sigue)… la lujuria bebida en la sangre… (no se entiende lo que sigue)… tanta sabiduría como flecha entre mis ojos… (no se entiende lo que sigue)… mujeres cercenadas por nuestro frenesí (o podría entenderse: mujeres en el frenesí de nuestras vísceras) acaecidas sin verdades donde (dice algo así como el crepúsculo) espadas cortantes arrancaron lenguas de toros (otras veces dice minotauros, pero muy pocas)… ¡maten! ¡maten! ¡maten! cada una de las verdades que vienen.”-
Otras veces dice:
-“Es verdad, mañana sucederá mi muerte ante el escudo de… (no se entiende lo que sigue)… ¡traición! ¡traición! ¡traición! La mujer amada envuelta entre sus… (no se entiende esta palabra)… atravesada por mágico cuerno… (¿referencia a los unicornios?) desgarra mirada árbol luz lanza coito regreso vuelo abismo mentira…”- (siempre repite estas palabras en el mismo orden. Lo que sigue es inentendible.)
-“Los que vienen aterrarán la tierra. Todo granizo de… (no se entiende esta palabra) destruyendo así el bosque que nos pertenece desde… (no se entiende lo que sigue) como la hoz afilada sobre cabezas sepultadas en los escombros de nuestra historia.”-
-“La hombre-mujer habló rodeada de infinitos círculos (muchas veces dice infinitos acordes) sangrando todos nuestro amor destruido por quienes… (no se entiende lo que sigue) entonces serán destronados los vientres como el mío-nuestro.”-
Una vez le escuché decir claramente un poema:
Mi no caminar hidalgo
Desflorece mi sepultura enmohecida
Atañe cada uno de mis pulsos
Como atiborrado de puñales
Lanzados desde tus prejuicios
El veredicto implacable
Ha sido decidido delineado
Por tus garras de acero
Que nunca quise aceptar
Y mostraras tantas veces
Entre una Nada de cielos
Tu apariencia de extremidad
Enarbola estoques traicioneros
Que con una mirada seductora
Rompió lazos de vida
La muerte nos ha sepultado
Mi tu muerte entre dos mundos
Donde la verdad cayó tiesa
Sin saber dar lugar al porqué
De tus abismos desmedidos
La única frase que le escuché decir con suma claridad, fue en una única ocasión en que, mientras lo observaba sentado en el banco de siempre, en la plaza de siempre, vi que se ponía de pié con aire de solemnidad. Corrí hasta su lado y le escuché decir, muy clarito, las siguientes palabras:
-“Yo Rex Ambar claudico a mis potestades de Ventor. Ya no hay estímulo ni presunto debajo de mi noche. Mi aljaba vacía me destierra del futuro. Los hombres serán dioses, nosotros leyenda, victoria sin paz, encarcelados nosotros que dominamos la tierra, abandonados por Yahvé que eligió a los hombres, traslado lo que soy al que vendrá hasta que descubra su locura de amar y hacer el bien muriendo desgarrado en medio del diluvio.”-
Fue la única vez que vi una lágrima en los ojos de Arquímedes, pero aun no descubro su significado.
Dedicado a Pachi –Alberto Molina Bry- cartógrafo, matemático, Doctor en Letras, profesor de latín, poeta, escritor de cuentos, novelas y obras de teatro, ensayista y, por sobre todas las cosas, un fiel amigo con quien compartí 11 años de trabajo diario. Falleció de sida en 1994 a la edad de 45 años.
Mas que exelente la obra literaria que me engancho desde el principio aun sin esperar la referencia a Molina Bry.
ResponderEliminarLuego y descubriendo al final la dedicatoria pude conmprender el homenaje como muchos de los pasajes "retoricos" y el vuelo monarquico...y pueblerino que subyace en el entorno.
Conoci a "Pachy" con quien compartí parte de mi adolescencia y juventud en una estrañable amistad.
Desconozco que fue de su obra y trabajos literarios pero te agradezco en su memoria este homenaje para quien fue mi apreciado Amigo.
ponce boscarino
Estimado Poncxe. Lamenta haber tardado tanto tiempo en leer tu comentario. Pachi también fue mi amigo y compañero de trabajo por 11 años. MI relación con él fue muy linda. Con mi esposa aun conservamos el ajuar que nos regalara Pachi en el nacimiento de nuestro primer hijo hace casi 20 años.
ResponderEliminarGracias por visitar mi blog. Un fuerte abrazo