Me están sucediendo cosas de viejo. Esto de despertarme solo a las 5am y con ganas de tomar mates, nunca se me hubiera ocurrido. Pero me está sucediendo. No es feo. En realidad lo disfruto, un rato a solas sin nada premeditado para hacer. Varias veces aproveche, entre mate y mate, para leer la Biblia; algunas veces un viejo libro de psicología de grupo; otra vez releí algo de Borges, y hoy, hace un rato, solo una revista de publicidad local donde te ofrecen desde arreglar tu mosquitero hasta aplicar láser a tu vista. En medio de esa actividad tan poco espiritual, académica o artística, me sucedió algo inesperado.
Mientras tenía mi vista dirigida a un aviso de no recuerdo que servicio, percibí algo diferente a mi lado. Levanté la vista y vi a Dios sentado a mi misma mesa. –“Vengo a tomarme unos mates con vos ¿me invitás?”- me dijo sin más. Lo miré a los ojos y exclamé sorprendido –“Guau, en realidad sos argentino”- a lo que me respondió -“No sé si tanto. La verdad es que me siento más bien rioplatense”- Eso me jodió un poco, porque yo soy rioplatense y Dios debe ser más abierto que yo… pero no se lo dije… en realidad no me dio tiempo ya que acto seguido me dice –“Está bueno esto de que te levantes temprano para estar tranqui. Yo que nunca he dormido, me parece una pérdida de tiempo no disfrutar de esta posibilidad de estar despierto”-, -“¿Qué, vos nunca dormís? ¿Una eternidad para atrás y para adelante sin dormir jamás”- le largué directamente. –“Y si. Soy Dios. Antes de crear al hombre solía descansar, por lo menos el séptimo día me lo tomaba free. Nadie me jodía. Ahora es imposible. Desde que ustedes me invocan yo estoy ahí, escuchando, haciendo lo que sé que necesitan y esas yerbas que, como Dios, me tocan hacer. Pero como hoy amaneciste temprano y nadie me metía presión, aproveché y me vine a tomar unos verdes con vos. Amargos por favor. Pero sé que tengo solo un rato, unos ocho minutos. Esto de ser Dios es full time, mucho más full time que tu trabajo”-
Me sentí un privilegiado. Tener la oportunidad de tomar unos mates con él es un lujo, así que no iba a desperdiciar la oportunidad y, en menos de un segundo, pensé cual sería mi primera pregunta face to face con Dios. No me dio tiempo. Me puso su mano izquierda en el hombro y me dijo –“Contame como estás”- Por supuesto no era de lo que yo quería hablar con él. Lo que tenía en mente eran cuestiones teológicas que me dan vueltas por la cabeza hace décadas. Pero ¿Quién puede esquivar una conversación así, tan íntima con el creador? yo no. Insisto en que hubiera preferido ser yo quien preguntara, pero me ganó de mano y soy un caballero, así que como nobleza obliga, intenté bosquejar una rápida respuesta para después tener la posibilidad de ser yo quien pregunte. Dos veces no me iba a dejar joder por la rapidez divina. Iluso de mi, él es mucho más rápido que yo.
Solo se quedó ocho minutos conmigo, sin decir más nada, solo escuchándome. A mi me pareció infinito, pero no por lo denso, sino por todo lo que pude largar. No se como lo hizo, pero en ocho minutos, solo en ocho, le dije todo. Pienso en esto y se que algo extraño pasó, ya que solo recordar lo dicho me lleva muchísimo tiempo, horas o tal vez días.
Me sentí medio gil, por eso de hablar cosas mías que él sabe al dedillo. Pero ahora, al repensar todo lo que dije, me dí cuenta del especial hincapié que hice en mis rupturas. De todas las que hice en el pasado, de la que estoy haciendo ahora, y de la que no me animo a hacer. ¡Esta puta cobardía! exclamé un par de veces sin solemnidades ni culpas.
-“Bueno Pibe, entonces ya sabes que hacer”- me dijo, con una sonrisa de quien sabe la respuesta que yo se. Tomó el último sorbo de mate, me acarició la cabeza con la misma mano que mantuvo todo el tiempo sobre mi hombro y se fue.
Me gustaría escribir todo lo que dije, pero no sirve documentar las rupturas. Te puede confundir con un héroe si alguien las lee, cuando en realidad solo son opciones de honestidad. Solo con uno mismo.
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